Un calendario, humildad y perspectiva

Un interesante y sencillo ejercicio de humildad es planificar tu día a día en un calendario.

No me refiero a, simplemente, saber qué reuniones vas a tener. Hablo de planificar tu día de principio a fin, según tus expectativas.

¿A qué hora te vas a levantar?

¿Qué es lo primero que vas a hacer y hasta que hora?

¿Cuando vas a tomar tu desayuno?

¿A qué hora empieza tu jornada?

¿Que esperas hacer al terminar tu jornada?

¿Cuando esperarías leer, hacer esas llamadas pendientes, estar con esos seres queridos?

Cualquier expectativa de todas las cosas que pretendes llevar a cabo en lo que para ti sería un buen día.

No como una propuesta para llevar a cabo una jornada planificada al minuto y sin cabida alguna para el error. Por el contrario, como un ejercicio de realidad.

Al poner tus expectativas negro sobre blanco, verás en qué estás poniendo tu energía, en qué quieres ponerla y, sobre todo, si todo ello está dentro de los límites de lo sano y real. Mejor que un tratar de hacerlo todo y todo perfecto, aprender a planificar dentro de los límites de lo verdaderamente posible.

Aceptar los límites de la realidad no nos aprisiona, sino que nos hacen más libre. Nos permite vivir sin la tiranía de la presión que nos imponemos al luchar contra lo que no podemos cambiar.

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